Observada

¿Alguna vez has sentido que te están observando? ¿Qué sin importar a dónde vayas, un par de ojos te sigue?

Todo había comenzado una tarde en la cocina de mi casa, mientras me preparaba algo de comer y no se ha detenido desde entonces. La fuerza que puede tener una mirada que va contigo a todos lados y que nunca te deja libre es algo abrumador, por decir lo menos. Lo peor del caso es cuando te acostumbras a la sensación de ser observada, cuando ya no te dan escalofríos en zonas desiertas, cuando ya no volteas en cada esquina ni te dan ataques de paranoia.

Después de un mes de sentirte observada 24/7 y sin que nada pase, se vuelve parte de tu realidad. Así de tétrico como suena, te acostumbras a que un par de ojos taladren tu nuca, a que tus edredones no sólo te cubran a ti sino también a esos ojos que nunca duermen porque ni siquiera en ese espacio donde tu cerebro se desconecta los ojos te abandonan.

Nadie sabe qué me siento observada, acechada por algo intangible que se conforma con estar siempre detrás de mí, de no darme privacidad o un momento de descanso. Casi deseo que eso nunca pase porque cuando los ojos me abandonen realmente estaré sola.

Otro día más en donde voy a la escuela acompañada por ese hormigueo en la nuca, saludo a mis amigos como si nada, atiendo a clases sin taparme el cuello con las manos, como mi almuerzo con mis amigos sabiendo que alguien está detrás de mí pero como ya es mi costumbre no volteo a comprobarlo. Eso volvería a desatar preguntas para las cuales no tengo respuestas.

El camino a casa es solitario y frío, tal vez por eso la sensación en la nuca se ha intensificado. Apuro el paso, dejando casas residenciales y bonitos jardines atrás. Y aunque suena raro decirlo, me da tanto gusto que mi casa esté sola, que no tenga a nadie que pregunte porque corro a mi cuarto por una manta y me acurruco en un sillón, porque pongo mi iPod a todo lo que da y cierro los ojos con fuerza.

Por mucho que me haya familiarizado con la sensación, hoy parece haberse intensificado. Casi como si se hubiera acercado un poco a mí, casi podía sentir su respiración en mi cuello: fría y húmeda.

Me tape mejor con la manta, tratando de alejar ese soplo frío pero sólo logre encerrarlo conmigo en ese pequeño espacio. De hecho la respiración se volvió más pesada, casi líquida, podía oír cada vez que inhalaba en mi cuello…

De un salto me pare del sillón, buscando a mí alrededor la presencia que me estaba acechando. Nada. Estaba completamente sola, mi música seguía resonando a todo volumen, nada estaba fuera de lugar.

Mi cabello comenzó a moverse hacia mi hombro, dejando mi cuello expuesto, sentí como inhalaban mi aroma y soltaban un suspiro. Mi piel se erizó por completo, no podía mover un solo músculo.

Todo lo que quería era correr tan lejos como pudiera de esta sensación. Cuando volví a sentir que inhalaban, corrí hacia la puerta dejándola abierta. Quería escapar, quería que terminara con tanta desesperación que no vi el camión.

Durante un momento fui libre, sentía que flotaba pero la gravedad me regreso al piso y todo mi cuerpo comenzó a dolerme como nunca antes, me sentía pesada pero al menos ya no tenía la respiración en mi cuello o los ojos en la nuca. Ya podría descansar.

Sin embargo, justo antes de dejarme llevar por la pesadez sentí que inhalaban de mi cuello y soltaban el aire cerca de la oreja, no sé cómo pero sabía que sonreía. Después todo fue negro.

Me desperté de golpe, empapada en sudor, respirando con dificultad. Ya llevaba cuatro noches consecutivas con la misma pesadilla y no había forma en que durmiera después de algo así. Supongo que sentirme observada en la cocina toda la semana me estaba pasando factura .:m:.