Olimpiadas con algo de política

China, ahora como la sede de los juegos olímpicos ha despertado, ha sido uno de los ingredientes fundamentales por lo que la chinomania está en su apogeo, además de su rápido crecimiento, la agresiva penetración de sus mercados sus productos en todo el mundo y porque ahora en muchos temas de política internacional, China ya empieza a ser pieza importante, cuestionable pero está ahí presente.

Estos juegos parecían hasta hace unos meses la presentación ante la sociedad global de cómo China ha progresado y se ha modernizado en los últimas décadas, y la población realmente ve estas olimpiadas como sus olimpiadas, todas esas muestras de furor que salen muy frecuentemente en los noticieros son muestra clave de que los chinos no quieren que nadie les arruine estos juegos: la política, boicot a la flama olímpica, la contaminación, terrorismo, etc.

Como lo decía The Economist en abril, sino mal recuerdo, esta es la marca de la reintegración de China al mundo, cerrada por tanto tiempo. Y obviamente la lluvia de críticas y amenazas de boicot a los juegos es percibida como negarle a China esa entrada por la puerta grande. De acuerdo con esta misma revista, el gobierno chino ha apelado al nacionalismo, un tanto chauvinista, con campañas de indignación patriótica y que han funcionado bastante bien para el gobierno chino porque la población sigue más preocupada por las olimpiadas que por la opresión de los habitantes del Tíbet.

Fuera de China, las presiones diplomáticas llegaron desde organizaciones de derechos humanos y la prensa en general. Aunque los gobiernos no se mostraron tan duros con el gobierno chino, el congreso a pesar de haber otorgado la máxima distinción al Dalai Lama, la Medalla de Oro del Congreso, pocos meses después Bush confirmó su asistencia a la ceremonia de inauguración, lo mismo que Nicolas Sarkozy y Gordon Brown.

Y en ese sentido se le olvidó a China que entrar al mundo global significa igualmente estar abierto a las críticas de la prensa internacional y presión de organizaciones multilaterales, e incluso de gobiernos. Y la inserción a la economía global requiere que la democracia se inserté gradualmente en la sociedad china, algo que parece lejano pero que los ciudadanos tendrán que abrirse camino poco a poco.

Así que muy posiblemente los chinos estén además de emocionados por estos juegos, estarán igualmente tensos porque no les arruinen la fiesta.

Y para nosotros, los mexicanos, lo que le sucede a China no nos parece nuevo. Nosotros tuvimos nuestro propio Tíbet en 1968, pero encabezado por estudiantes que exigían más libertades políticas en una protesta el 2 de octubre. La marcha terminó en la matanza de una cifra de jóvenes aún desconocida, de 30 a 300, dependiendo quien proporcione el dato. En ese momento el gobierno mexicano se salió con la suya, llevó a cabo los juegos olímpicos sin mayor contratiempo, la masacre no rebasó las fronteras mexicanas, no de forma tan evidente como el caso chino que al menos ha tenido que enfrentar el rechazo internacional a una opresión de décadas hacia el Tíbet. Igualmente al caso mexicano, la de desinformación del número de víctimas y esclarecimiento de los hechos prevalece; pero queda claro que insertarse a la modernidad no significa únicamente ciudades de luces, rascacielos y fortunas para unos cuantos.

China sigue enfrentando grandes rezagos en la distribución de riqueza, que por el tamaño de su población quien sabe si algún día le alcance para proveer una digna a todos; pero junto al crecimiento económico debe crecer gradualmente o penetrar al mismo ritmo la democratización de las instituciones, algo que se antoja muy difícil para China pero los espacios se tendrán que ir abriendo dentro del partido oficial, posición y presión internacional.

Porque sería terrible para la humanidad tener como economía más grande a un poder bélico, nuclear, hostil y además anti-democrático para liderar este mundo durante este siglo.

Por lo menos, este mes de agosto, nos daremos el gusto de aprender más sobre la cultura y vida china a través de la cobertura mediática. .:M:.