Olímpica

Bonito nombre para una estación del metro. Nombre lleno de sugerencias, historia y valiosos recuerdos.

Lo primero que nos viene a la mente es una alberca, la alberca Olímpica. Tanto la Universitaria como la Francisco Márquez, amplias y testigos de hazañas deportivas. Pero también pensamos en Olimpia, el sitio donde nacieron los tradicionales Juegos Olímpicos que ahora van a celebrarse en Pekín, la ciudad que se ha puesto de moda llamar Beijing, para crearnos más confusiones con el idioma y la geografía.

Olimpia no era propiamente una ciudad, más bien un lugar donde se celebraban encuentros deportivos en una época en la que el deporte era respetado y practicado por deportistas respetables. Tanto así que las guerras se suspendían, se concedía una tregua mientras aquellas Olimpiadas se celebraban. Ese respeto ya pasó a la historia lo mismo que la cortesía entre los dedicados al deporte. Y si no lo creen recuerden los actos de terrorismo practicados durante algunos de estos encuentros y la actitud de Hinchas y Hooligans.

El término de hincha tiene un curioso origen. Y por supuesto algo confuso. En principio son los fanáticos que con la cara pintarrajeada, vistiendo el uniforme del equipo que apoyan, se dedican a organizar ruidos y disturbios. Dicen que el término se acuñó para referirse a los que “hinchan” a su equipo, esto es, tratan de agrandarlo…

Me gusta más otra versión que ubica el nacimiento de la palabrita en los inicios del Siglo XX cuando el auge del fútbol en Buenos Aires. El más entusiasta partidario del equipo nacional era el encargado de inflar, hinchar los balones que entonces se fabricaban con la vejiga de los bovinos. Cuando le oían gritar y vociferar en apoyo de su equipo la gente se refería a él como “el que hincha los balones” y de ahí a llamarle “el hincha” no hubo más que un paso.

En cuanto al hooliganismo es un anglicismo para referirse a los vándalos que causan desórdenes en los estadios. Según dicen los que estudian los pleitos en los terrenos dedicados a las nobles actividades deportivas estas broncas datan del XIII, en Inglaterra por supuesto, donde se convertían los campos deportivos en espectaculares campos de batalla. Se supone que el nombre proviene de un matón del siglo XIX apellidado Hooligan. Otros dicen que el honor corresponde a una familia irlandesa, muy revoltosa así apellidada. El caso es que los Hooligans, cualquiera que se su etimología, no pasan de ser unos bárbaros, violentos y marginados, totalmente opuestos al verdadero espíritu del deporte. Sinónimo de gamberro, forajido y naco.

Por supuesto este lugar de esparcimiento deportivo, Olimpia, no recibió su nombre de la famosa emperatriz Olimpia, pues vivió como tres siglos antes de los famosos sucesos olímpicos. Pero la señora se hubiera merecido este reconocimiento. Madre de Alejandro Magno, hija de Filipo de Macedonia, cambiaba de nombre como cualquier vedette de la actualidad: primero se llamó Polixena, luego Myrtale hasta que adoptó el nombre más eufónico de Olimpia con el que es reconocida en la Historia, para volver a cambiar más tarde por Estratonice. Pero su mayor talento fue, en el mejor estilo de su época, eliminar a quien se le ponía por delante estorbando sus planes. Y fueron muchos los eliminados. Lo cual no deja de ser meritorio .Una mujer de armas tomar. Podríamos decir que ella consumó una olimpiada del exterminio político. Una vanguardista en este terreno.

Pero Olímpica nos trae otros recuerdos menos tragipolíticos y más amenos. Por los años 60 se estrenó una obra que causó sorpresas y polémicas, como sucede con todo lo renovador y talentoso: Olímpica, de Héctor Azar.

El nombre de Olímpica no puede menos que traer a la memoria la presencia de Héctor Azar, uno de los hombres de teatro más destacados del pasado siglo XX. Falleció precisamente en el 2000, después de haber realizado una valiosa labor en pro de la cultura mexicana, hoy tan olvidada. Otras de sus obras fueron La Appassionata, Inmaculada, El Alfarero, La higiene de los placeres y los dolores. Fundador del Teatro en Coapa y de otros muchos espacios, Director del Teatro del Caballito, ya desaparecido en el que se presentó mucho de lo mejor del teatro universitario. Ese memorable teatrito se ubicaba en la calle de Rosales, hoy ensanchada y desfigurada para darle a la ciudad un mejor aspecto moderno.

Otro recuerdo digno de mención es un cabaret que lucía (y creo que sigue luciendo), por las calles de Guerrero. En la Olimpiada de 1936 México ganó tres medallas de bronces: una en boxeo, otra en polo y otra en básquetbol. Para honrar esos triunfos a este desveladero (como se les decía por entonces), se le bautizó como Olímpico.

Pero esto no tiene mayor importancia. Lo que vale y es digno de tomarse en cuenta es que la estación Olímpica del espectacular y cada vez más extenso Metro del Distrito Federal, tiene un nombre lleno de tradición que nos invita a los recuerdos, muchos saturados de cultura y otros de frivolidad. .:M:.