Me parece un hecho lamentable que el temor de los mexicanos ante la delincuencia vuelva a ser evidente después de lo ocurrido en Monterrey. Pero más que centrarme en ese punto, del cual ya todos sabemos, quisiera hacer ver que ese no es un hecho aislado. Muertos, desaparecidos en todas direcciones es algo francamente preocupante. Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, yo no lo creo así.
Cada mexicano tiene una familia por quien trabajar todos los días, tampoco pienso meterme en problemas de estadísticas que al final son sólo un número. Son esas familias las que me hacen dudar mucho que el país se esté yendo a pique porque la mayoría de las personas se manifiestan por tener paz y trabajo, ni siquiera pedimos, como pueblo, que nos regale nada.
Al final no sé a quién brindarle la responsabilidad de nuestras desgracias. ¿Al gobierno? Ya no es una respuesta que logre dar a cada mexicano un aliento de conformidad. Creo no ser la única ofendida por lo sucedido, sólo hace falta asomarse a las redes sociales para ver la cantidad de personas que en cadena o con mensajes propios externan su preocupación, una preocupación que nuestros gobernantes saben de sobra desde hace décadas.
Esfuerzos por erradicar la delincuencia y el crimen organizado, no niego que pudo haberlos, pero parece que no han sido suficientes; como no lo han sido los programas por el empleo y para erradicar la pobreza, una triste verdad que ya no puede taparse con nada.
Aquí seguimos siendo mexicanos ya no del tipo que aguanta y agacha la cabeza. Trabajamos en empleos bien o mal pagados, en chambitas, en tandas pero le damos a nuestra familia lo necesario y más; iletrados hay más de los que deseamos pero somos personas con ingenio, con experiencia de vida. Como nación estamos llenos de solidaridad y de fe. ¿Qué otro remedio nos queda? Sólo pedirle a Dios que nos cuide porque no hay autoridad que pueda con los malos.
Como nación tenemos logros buenos, extraordinarios, de los que ni nos enteramos porque los medios están bañados de sangre en cada letra y cada imagen, que tristeza nos da a los periodistas que no encontramos lugar para publicar algo bueno más que en la página 27.
Sé que no nos es posible cambiar la realidad de la noche a la mañana y que en muchos casos la mayoría ya hace esfuerzos sobrehumanos para subsistir pero, por favor, no dejemos que el miedo tire nuestras esperanzas por tierra. Yo no sé que tenga que pasar para tener la paz que como país nos merecemos, me declaro completamente ignorante en temas de política y cuestiones de Estado y dudo mucho que la paz se alcance con una guerra. Sólo soy una mujer que trabaja por su familia y que trata de mantenerla unida de la mejor manera. Sólo tengo mi poder en ese círculo y espero, como muchos, que las personas a quien quiero encuentren la oportunidad de desarrollar lo mejor de sí mismos en la tierra que nos vio nacer.
No dejemos que el temor inunde nuestros corazones, nuble nuestra claridad y nos robe el aliento para seguir creciendo. Nuestro país no es sólo el gobierno, ni los maleantes que lo aterrorizan somos cada uno de nosotros.
Y para todos aquellos que han tenido una pérdida en manos de la barbarie sólo les deseo fortaleza, claridad de pensamiento y que encuentren pronta paz para sus espíritus. .:m:.

