“Cuando siento una necesidad de religión,
salgo de noche para pintar las estrellas.”
Vincent Van Gogh
Pareciera que conforme avanzan los meses y nos acercamos al final de nuestra campaña en contra de la Discriminación, los temas son cada vez más delicados; hemos hablado de discriminación por preferencias sexuales, discapacidad, y por pertenecer al sector denominado “indígena”.
Si bien es cierto que hay muchos tipos de discriminación, también es cierto que todos ellos, como lo mencionamos desde el momento en que se lanzó esta campaña, todos, atentan contra el principio de igualdad entre hombres y sobre todo, desbaratan la libertad de los individuos.
Creer en algo o en alguien, tener fe en un ser supremo, visible o invisible, cercano o inalcanzable, rezar, orar, ser devoto; más que acciones o verbos, en la mayoría de los casos son el complemento de la vida de miles de personas en este planeta.
Hablar de religión implica tocar temas como dogma, fe y creencias, incluso necesidades, y como mencioné al principio, no es algo sencillo.
Existen múltiples definiciones para la palabra religión, sin embargo, decidí tomar la que aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Religión del latín religio, “conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto”, me permití tomar de ésta otra definición, creencia, que se entiende como “un modelo creado por la mente para satisfacer un deseo”; se dice que cuando un individuo cree en algo, su mente lo entiende como verdadero y tiende a actuar en función de dicha verdad.
Por otro lado, la religión cuya base son los dogmas (un hecho que no tiene forma de ser comprobado, es decir, que “es” en sí mismo un motivo de creencia y que no admite réplicas) no tiene una base empírica, pues se opone a la comprobación del conocimiento científico, es decir, no existe un método que la evidencie, pues es un acto detonado por fuentes internas como el pensamiento del individuo.
Así, la religión, implica la capacidad del ser humano de creer y tener fe, y por ende, de llevar a cabo acciones que sean coherentes con dicha creencia, en este sentido, determina una relación entre el hombre y una especie de divinidad en la naturaleza. La religión también supone una línea a seguir ya sea por algún fundamento como el temor, la búsqueda del descanso eterno o la reencarnación y determina incluso un código moral para quienes se asumen como creyentes.
Bien dicen que cuando acabas de conocer a alguien no hables de política, algún deporte polémico o religión, pues esa conversación podría terminar en pleito; la religión es una representación de los sentimientos más profundos del individuo, de esa sensación de ser parte del universo y la necesidad de saberse aferrado a algo o alguien, una representación de un segmento de su intimidad y en ese terreno, todas las posturas son distintas y respetables, quizá en algún punto pueden llegar a empatar o coincidir, no obstante siempre serán diferentes.
En ocasiones parece que las mayorías siempre tienen la razón, lamentablemente en el caso de la religión, no siempre es así. A lo largo de los siglos, manifestaciones como las conquistas, guerras santas o el nazismo, son sólo una muestra a gran escala de lo que la discriminación y la intolerancia desatadas y justificadas por una mala interpretación de la fe o las creencias, pueden corromper y destruir.
Empero, la religión también ha dado pie a lo sublime del ser humano, el arte en todas sus manifestaciones, en ocasiones por encargo y en otras como acto de fe, búsqueda o pérdida de la misma, el artista expresa, como decía líneas arriba, su intimidad y permite que todo el mundo pueda apreciarlo.
Algunos biógrafos aseguran que Vincent Van Gogh decía que “estaba obligado a creer en Dios para poder soportar tantas desgracias”, de tal suerte, muchas de sus obras tomaron el cielo como elemento divino y de apreciación de la naturaleza y su carácter supremo.
La influencia de la Iglesia Católica y las Monarquías en numerosos compositores para la creación de lo que en conjunto se entiende como música sacra y que se aplica también a cualquier otra mezcla entre música y religión, los templos que se alzan en numerosas ciudades como espacios para la expresión de la fe, las imágenes que representan a los líderes espirituales o dioses y santos , en fin, ejemplos significativos de que la religión ha plasmado los símbolos de su ideología en distintos momentos de la historia, como un beneficio para los sentidos de quienes profesan o no alguna devoción.
Desgraciadamente también la religión ha respaldado la discriminación hacia aquellas minorías que decidieron creer en algo más. De acuerdo con datos del CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir de la Discriminación) muchas veces los casos de intolerancia y discriminación religiosa no se denuncian.
“Sólo hay una religión verdadera,
pero pueden haber muchas especies de fe.”
Inmanuel Kant
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 18 dice que: «toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; ese derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia».
Ese derecho a manifestar las creencias colectivamente y en público, es lo que en innumerables ocasiones genera actos que dejan a un lado la fe del individuo y se transforman en burlas, golpes, el cobro de cuotas para permitir la reunión de otras religiones o peor aún, la aparición de pseudo religiones que abusan de la ignorancia de muchas personas y de igual manera les engañan para obtener su dinero, vendiéndoles el paraíso o la salvación eterna.
“El agnosticismo simplemente significa que
una persona no dirá que sabe o cree aquello
para lo que no tiene bases para sostener que cree.”
Aldous Huxley
Un caso aterrador de discriminación en nuestro país, sucedió hace apenas ochenta años, la Guerra Cristera, un conflicto armado de 1926 a 1929, entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y las milicias que apoyaban a la Iglesia Católica en su repudio a las leyes que limitaban los derechos religiosos; cuantiosas pérdidas humanas, la necesidad de ocultar las creencias y de ocultarse para salvar la vida, otra muestra de que la imposición no deja algo bueno, ¿acaso es necesario que se den guerras para recordar que la tolerancia y el respeto son el pilar de la libertad y la convivencia en sociedad?.
No es preciso buscar en los libros de historia referencias de la discriminación religiosa, hoy en México se comenten una serie de actos violentos y discriminatorios en distintos Estados de la República, siendo los más importantes Chiapas (San Juan Chamula), Oaxaca, Hidalgo, el Estado de México y toda aquella comunidad donde se establezca alguna religión minoritaria y donde existan personas que no estén dispuestas a comprender que las diferencias no son objeto de luchas ni batallas.
La aculturación y la conquista espiritual en la Nueva España, la modificación de los métodos de evangelización, la suplantación de dioses, la mezcla de tradiciones y adaptación de rituales a la religión católica, dieron como resultado una manifestación única de la fe, una nueva gama de tradiciones (que en la actualidad están en peligro de desaparecer) que conforman el México del que los extranjeros se enamoran, del que Pedro de Gante se admiraba y que incluso le inspiró para replantear su fe y plasmarla en textos y cantares, de un México que tiene mucho que recordar para encaminarse hacia un horizonte de paz, de esperanza, de trabajo y sobre todo, hacia la construcción de una mejor sociedad.
Les invito a hacer un ejercicio de introspección para recordar la fe y esa necesidad de creer en algo que nos haga sentir tranquilos, pues en esta Ciudad y más en la época decembrina, es cuando todos nos atropellamos en la búsqueda de la paz que a muchos se nos escapa de las manos y de la felicidad, deseando que no dure instantes sino eternidades.
Quizá algunos encuentren en la religión, desahogo y alivio, tal vez otros se aferren a su presente, su trabajo o su familia y amigos para recordar que están vivos y que ésa es la única fe que necesitan para no decaer, sea cual sea el mecanismo de reflexión, es fundamental que no olvidemos que la vida es extraordinaria y que día tras día el mundo nos invita a redescubrirnos y sorprendernos. ¡Felices fiestas!, para aquellos que las celebren. Nos vemos en el 2007. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación La Paz

