La memoria se revela al hombre como una serie de caprichosos instantes hilvanados entre innúmeros claroscuros; en ocasiones diluye datos puntuales, el desarrollo específico de un momento y lugares en los que estuvimos; otras veces magnifica diminutos eventos y les confiere misteriosos halos que llevamos con nosotros a lo largo de nuestra historia. Pero incluso hoy día, seguimos sin comprender cómo funciona este complejo mecanismo a través del cual nos acercamos a nuestro pasado, a ese otro escenario en el que nuestra existencia discurrió… sin embargo, es en el vaivén del oleaje de la memoria donde los recuerdos, fragmentados o detallados, construyen nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestra vida.
En su obra Y los niños también van al exilio, Felipe de la Lama-Noriega nos comparte momentos de su infancia y adolescencia en un hermoso discurso donde la memoria eleva su voz y narra, entre momentos alegres y dolorosos, su salida de España con motivo de la Guerra Civil y el inicio de su estancia en México, país donde actualmente radica.
El arte de la memoria ha sido considerado por numerosos estudiosos como el ejercicio mediante el cual el hombre puede aprehender la realidad mediante una imaginación mágicamente activada. En las páginas de su libro Felipe adopta una posición llena de optimismo respecto a su pasado con la fuerza y la libertad propia de la infancia, describiendo los sentimientos que le inspiró la huída de España y la estadía en el campo de concentración francés. De igual forma, con la destreza y precisión que caracterizan actualmente su pluma retrata con fidelidad una de las muchas aristas que rodean la historia de la guerra y los pasos que siguieron algunos de los republicanos inmersos en el exilio.
La lectura de Y los niños también van al exilio deja al lector con un agradable sabor que evoca la época de la niñez, que revela una realidad muy particular de uno de los rostros que adopta la guerra y que nos permite descubrir un entrañable personaje que ha forjado una gran carrera como actor, periodista y diplomático en México.
El testimonio de Felipe de la Lama-Noriega nos invita a reflexionar sobre la tolerancia, la capacidad del ser humano de recrearse y de recuperarse pero, sobre todo, consigna el terrible episodio de la caída de la República española desde la mirada de un niño, desde una realidad que ha sido poco considerada y que está matizada por luces y sombras como las contradicciones propias de la vida.
Los capítulos que componen Y los niños también van al exilio fueron ilustrados por el pintor y artista plástico David Correa, quien captó con gran sensibilidad la esencia de la memoria del niño Felipe y la esperanza que sus palabras transmiten.
El texto de Felipe está publicado en editorial Porrúa y fue presentado en el Casino Español de la Ciudad de México por el historiador José Antonio Matesanz, la Dra. Dolores Pla Brugat, Marion Hoffmanel representante Regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Miguel Moreta Lara Consejero de Educación de la embajada de España en México y Marta de la Lama-Noriega. .:M:.
A colación transcribimos un poema de Pedro Garfias, uno de los poetas más entrañables del exilio republicano:
Entre España y México
-de acero fiel- nos une y nos separa
con España presente en el recuerdo,
con México presente en la esperanza.
Repite el mar sus cóncavos azules,
repite el cielo sus tranquilas aguas
y entre el cielo y el mar ensayan vuelos
de análoga ambición, nuestras miradas.
España que perdimos, no nos pierdas;
guárdanos en tu frente derrumbada,
conserva a tu costado el hueco vivo
de nuestra ausencia amarga
que un día volveremos, más veloces,
sobre la densa y poderosa espalda
de este mar, con los brazos ondeantes
y el latido del mar en la garganta.
Y tú, México libre, pueblo abierto
al ágil viento y a la luz del alba,
indios de clara estirpe, campesinos
con tierras, con simientes y con máquinas;
proletarios gigantes de anchas manos
que forjan el destino de la Patria;
pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja
de generosa sangre desbordada.
pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España! .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Cuatro Caminos
