Hay un lugar donde te vi,
pasando de pie en pie
como luciérnaga pequeña
en la hierba tostada verde,
comer del enebro y vestir mijos
por toda la membrana de tu cuerpo.
Hay un lugar donde te vi
de mimbre dentro de un capacho,
a la sombra del albaricoque,
destilando sus miajas de azúcar,
bebiendo del alfaguara.
Hay un lugar donde te vi
a eco y eco matutino, húmedo
por tres aluviones de aljófar prendidos
al extracto de tu pecho,
soltar tu mata de mil estambres
entre mi boca de chupamirto.
Hay detrás un pantano
y una ortiga
descamándose del suelo
en dos tallos, como sacristanes
confesando en cantos y deleites,
de la tierra blanda que moja
el surco de tus dedos,
al pecado.
Hay muy dentro un mandato
y un enjambre
en cien columnas
tallando
el resplandor de la madera.
Hay afuera un chuzo y una pluma,
papel de roble dibujado,
incienso de bromo,
algodón cardado en peinetas
bañadas en sangre de virgen.
Hay en cada sol la nervadura
del neón flotante libando
el fané y marchito crepúsculo
que el viento vierte sobre el rostro,
después del esperma y la sangre,
después del beso y la caricia,
cuando ya no pasas como mujer.
Suena la caracola distante
comenzando el día en el lugar
donde te vi danzar en polvo – a un médano de lirios
y magnolias, a la avariciosa orquídea y al cereal
creciendo – sobre el barro de mi lápida.
Hospedo una gárgola y un encino,
la cofradía de los sauces,
el ave desterrada
vuelta al mundo anterior al mundo;
hay un grano de tierra en la piel
desnuda siendo
un borbotón de vida
y el murmullo de tu sombra.
Nace un cerrojo, y la palabra
da a luz fuego
como eclipse de tu fruto,
trémula intimidad,
hambriento ser que va a morir…
Hay un ser que no me toca
en un lugar donde te vi
merodeando mi cuerpo desnudo
ante el almendro y el ciprés.
Tan sólo obvia al cadáver encendido
con tu fuerza posesiva
filtrada en mis ojos
En el lugar donde te vi. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Panteones

