En las vísperas que precedieron al Teletón, pudimos ver spots publicitarios donde actores o si lo queremos ver de esta forma, personalidades del medio artístico; invitan a la reflexión transmitiendo un mensaje: “México siempre ha sido un pueblo unido y es más grande que cualquier adversidad”.
En efecto, México es un gran país con atributos que ni siquiera conjugando las virtudes de otras naciones serían comparables. Pero al igual que muchas otras situaciones, los spots y factores diarios del acontecer nacional solamente generan “ruido blanco” en la población
¿Porque le tenemos miedo a la crisis, en un país donde a lo largo de sus últimos 40 años de historia económica hemos estado en adversidades de la esta índole?
Somos una nación con una memoria colectiva a corto plazo. No somos capaces de organizar y atrevernos a ser diferentes para cambiar nuestro entorno ni de erradicar el analfabetismo. Aunado a lo anterior, existe un atraso educativo muy importante que nos coloca en los últimos lugares de América Latina en Educación; se ha comprobado que los métodos de enseñanza en las aulas ya no son los más adecuados ni efectivos, no estamos al nivel internacional, no podemos competir por las mismas plazas con alguien extranjero, nuestra preparación está muy limitada.
Tenemos un país donde existe un presidente constitucional y uno autoproclamado como “legítimo”; el poder político es más importante que el desarrollo económico. Por oro lado se proclaman reformas inconclusas y mal elaboradas que en el trasfondo sólo beneficiarán a aquellos que supieron cómo interpretarlas.
Aquellos que dictan nuestras leyes son los primeros en romperlas -diputados con salarios y bonos exagerados- y por el otro lado sueldos mínimos que no se pueden creer de la miseria que representan.
Somos testigos de la impunidad (sólo el 1% de los delitos es castigado), el crimen y la delincuencia son el pan nuestro de cada día. Se inició una lucha –que algunos definen como pérdida desde el inicio- contra el narcotráfico, que ha costado muchas vidas y generando violencia desmedida en cualquier región involucrada. La nuestra seguridad está a cargo de aquellos que nos secuestran y roban, la ineptitud e ineficacia son características del sistema judicial; la tranquilidad y la paz son conceptos que nuestros hijos y los hijos de ellos probablemente no conozcan; el caos es algo cotidiano que no nos extraña ni nos es indiferente, lo aceptamos y aprendimos a vivir con él.
La corrupción se extiende como cáncer y logra mutar en diferentes formas alcanzando todos los niveles, siendo éste la raíz de todos los males anteriores y el peor y más grande de todos. El “dedazo” nunca desapareció; obtenemos títulos universitarios, certificados, permisos, licencias, bienes y servicios de manera ilícita y no nos espanta.
Deportistas mediocres que se quedan a mitad del camino; nos conformamos con el mínimo de lo que podemos obtener. Nos satisface el morbo y la avaricia nos alimenta; somos engreídos y humillamos al que está por debajo de nosotros, pero no tenemos orgullo ni valor para abrir bien los ojos.
Nos colocan como economía emergente aunque tenemos el potencial para estar en el primer mundo -pero no la actitud. El segundo hombre más rico del mundo crítica las tasas de interés como “insostenibles e impagables” cuando él tiene un dominio monopólico en telecomunicaciones.
Por otro lado, la comisión encargada de la defensa de usuarios financieros protege instituciones bancarias, la autorregulación en el sector financiero es muy deficiente; a pesar del desequilibrio en la fijación de tasas de interés que existe, nadie hace nada. El banco central -que es autónomo e independiente en cuanto a su administración- se pone a las órdenes de la máxima institución financiera en nuestro país. Se toman medidas de país industrializado para detener problemas macroeconómicos como la inflación o el tipo de cambio, y, a pesar de ello, no hacemos nuestra parte para frenar el problema.
Nos hablan de recesión y problemas de liquidez y gastamos hasta el último centavo que existe en nuestros bolsillos, nunca hemos contemplado el ahorro ni el futuro.
La metáfora más adecuada de nuestro México es el tráfico vial, en un embotellamiento corroboramos el comportamiento de la sociedad; nos pasamos semáforos en cuanto tenemos oportunidad así como con las leyes, buscamos salir o ser primero que todos los demás sin importar que sea lo que tengamos que hacer o sobre quien tengamos que pisar, buscamos la primer oportunidad de “rebasar” a los demás sin importar cuanto tiempo haya tenido que pasar o esperar las demás personas.
Tenemos suficientes problemas por resolver -además de afrontar la crisis- pero sabemos que para empezar el cambio éste inicia en uno mismo. .:M:.

