Bendito Consumo – Lo que se compra en Semana Santa

La Semana Santa en el mundo católico es una oportunidad para la reflexión y el encuentro con Dios a través del recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, durante este tiempo, y el que le antecede, la cuaresma, los católicos gozan de la oportunidad de cambiar su cotidianidad por un período de devoción y de paz.

Por otro lado, en un mundo secular, es también la oportunidad de adquirir productos de la época, salir de vacaciones, disfrutar de platillos especiales y de convivir con la familia.

Sin duda, algo que está muy vinculado con el tiempo de la cuaresma es el consumo del pescado, o bien, la vigila que obliga al ayuno y a la exención de la carne roja en lo alimentos.

Esta tradición no está vinculada en sí a la carne roja sino a su costo, en la antigüedad el valor de esta era infinitamente superior al de la carne del pescado, por lo que esta última era un símbolo de la pobreza, un alimento al que tenía acceso la clase más baja de las antiguas comunidades cristianas. Por tal motivo, y como signo de sacrificio, los cristianos tomaron como tradición de vigilia consumir pescado para entrar en comunión con Cristo.

Conforme pasaron los siglos y, adaptado a una realidad mexicana, el valor del pescado aumentó, haciéndose más escaso, sobre todo en la época de la cuaresma. Aunque el precio es más caro que antes, el sacrificio sigue existiendo, ya que las familias tienen que sacrificar otras cosas para poder comer el pescado y seguir la tradición.

La cuaresma y la Semana Santa están llenas de misticismo, desde la imposición de la ceniza el día miércoles asignado a ello, hasta el domingo de ramos, fecha en donde comienza la semana mayor. Este día se caracteriza porque en algunas parroquias y catedrales, los prelados organizan procesiones alrededor de las calles circundantes, agitando grandes ramas y rociando agua bendita a la comunidad, la cual porta también pequeñas figuras hechas de ramas, las cuales adquirieron a la puerta del templo. Adornadas con la imagen de algún santo (que por lo regular en la Ciudad de México es San Judas Tadeo) o de la Virgen de Guadalupe, encontramos ramos de muchos tamaños y formas, de una elaboración muy precisa y hasta artesanal, que acompañan a los fieles en el caminar de la procesión y en sus casas como adorno detrás de las puertas, supuestamente, para alejar malas vibras (contrariamente a lo que la Iglesia Católica dicta, ya que los amuletos no son bien vistos por ésta).

Jueves santo, se da la visita de las siete casas, una tradición originada en el recorrido que Jesús dio entre el Sanedrín, el Palacio de Poncio Pilatos y de Herodes. Cada casa es representada por un templo, ya sea una capilla, una parroquia, ermita, basílica o la catedral; en ellas se suele rezar una oración acompañada de un misterio del rosario, para posteriormente leer una reflexión sobre la pasión de Cristo.

Fuera de los templos, al terminar nuestras oraciones, podemos encontrar una gran variedad de alientos y antojitos que si bien no ayudarán a aumentar la devoción, sí serán una recarga de energías después de haber recorrido siete santuarios. Buñuelos, tortitas, plátanos con crema, refrescos; todo tiene cabida en los puestos que se ponen alrededor. Algunos fieles esperan a que terminen las visitas para comenzar a comer, pero otros, hacen parada en cada lugar para probar un poco de los sazones de cada rumbo. Si bien no tienen un valor comercial y no son propiamente una venta, en algunos templos, a cambio de una donación o limosna (aunque el nombre propio de este acto es “colecta”), las religiosas o gente de la comunidad otorgan ramas de manzanilla, o pequeños panecillos, o bien oraciones y rosarios de cuentas a fin de unir más a los fieles en la preparación de estas fechas tan solemnes.

El viernes santo, una fecha de luto para la cristiandad, el hijo de Dios ha muerto. El vía crucis es un acto de preparación y una forma de acompañar el dolor de Cristo a través de la representación de su camino hasta el Calvario. Ya sea en un lugar cerrado, como una casa o el templo, o bien en las calles, los orantes en cada estación recuerdan las caídas, los azotes y la crucifixión de Cristo. El sonido de las campanas se ha callado para dar paso al de las matracas, una forma de anunciar que la procesión va en camino a las estaciones, las cuales por lo regular son casas de una comunidad que ofrecen un espacio a los feligreses para orar. Las matracas pueden ser adquiridas fuera de los templos o bien en los mercados a fin de acompañar con ruido el paso de la procesión y hacer saber a la comunidad de creyentes del acto religioso.

Una de las tradiciones coloniales más exquisitas es sin duda la procesión del silencio, en la cual los fieles acompañan en su dolor a la Virgen María, representada en una grandiosa y pesada imagen y la cual es cargada devotamente por los que, escogen esta forma de entrar en comunidad con el dolor de la pérdida o bien para pagar una penitencia.

Este acto de fe, además de ser solemne e impresionante, encuentra sus más bellas expresiones en México en las ciudades del Bajío, destacando la de San Miguel de Allende, en Guanajuato. Además de ser un acto cargado de religiosidad, su elaboración suele ser costosa y su preparación tardada. El representar la imagen de un penitente (la cual nos recuerda a los trajes usados por el Ku Klux Klan en los Estados Unidos) implica una inversión en telas, aditamentos para los pies o las manos; por otro lado, las personas que acompañan la procesión del silencio, la cual se realiza durante la noche, tienen que iluminar sus pasos con velas y candiles, haciendo un río de llamas por el cual navegan las imágenes salidas de los templos acompañadas de los instrumentos que le generaron el dolor y la muerte a Cristo, como las lanzas, los látigos y la corona de espinas.

El sábado, tiempo de la Vigilia Pascual. Durante el día, en algunos pueblos de México, esta fecha también llamada Sábado de Gloria, es una oportunidad de darse un buen baño, ya que la gente anda por los pueblos con ropa holgada esperando ser mojados por aquellos que, desde su balcón, aguardan a que un desprevenido pase. Una vez llegada la noche, se da la más importante fiesta del catolicismo, la Vigila Pascual, la noche en que Cristo resucitará de entre los muertos.

La Vigila Pascual es la fecha en que muchas cosas se renuevan en la Iglesia. Los prelados sin duda tienen que hacer compras, que si bien son de carácter religioso, requieren del buen ojo del consumidor, tal es el caso de los cirios pascuales, hay de aquellos que son fabricados de forma industrial y que son los que comúnmente son usados, o bien, existen otros de una calidad superior, hechos artesanalmente, de cera de abeja y decorados de forma exquisita. El incienso es muy importante en la celebración, otro material el cual debe ser comprado según su calidad, durabilidad y aroma, así como el mismo incensario, los cuales, si bien duran más de una Semana Santa, están elaborados de formas distintas y al gusto y bolsillo de cada parroquia.

Al ser esta una fiesta importante requiere de un ritual que involucre a toda la comunidad. La fiesta del fuego nuevo implica que todos y cada uno de los fieles dentro y fuera del templo tengan encendida una vela que fue prendida a partir de la llama del cirio pascual, además, para recibir con alegría la resurrección, es necesario hacer mucho ruido, por lo que será bien visto comprar o llevar una campana para hacer coro con las de las torres del templo y así demostrar con sonidos la alegría de la Iglesia.

Domingo de Pascua, Cristo ha resucitado, y esta es una buena oportunidad para encontrarlo. La búsqueda Jesús es representada en muchos países a través de tratar de encontrar los famosos huevos de Pascua en los jardines de las casas o en los parques públicos.

Según algunas fuentes no confirmadas, el origen de esta tradición se remonta al antiguo Egipto, en donde existía la tradición de obsequiar huevos decorados por sí mismos, los cuales decoraban con tintes naturales extraídos de las plantas. El regalo más preciado era sin duda aquel huevo que estuviese mejor decorado.

Posteriormente, en la época de los primeros cristianos procuraban no comer huevo durante la época de cuaresma, bajo el mismo simbolismo del que hablamos anteriormente que limita el consumo de carne roja. Una vez concluida la Semana Santa, en el día de Pascua, los cristianos salían de sus casas con canastas de huevo para regálarselas a los más pobres o a otros cristianos, acto que los ponía muy contentos ya que les recordaba la resurrección del Señor.

En algún momento de la historia de la cristiandad, las tradiciones de Egipto y de los primeros creyentes se juntaron, creando así una tradición especial, en la que cada día de Pascua se regalan huevos que son decorados elaborada y brillantemente. Poco a poco del huevo sólo quedó su forma para ser sustituido por caramelo y chocolate, los cuales obsequiamos en esta fecha en particular.

Este tiempo, de por sí interesante, se complementa con las vacaciones de Semana Santa, las cuales representan una derrama económica impresionante para las playas mexicanas que se encuentran al cien por ciento de su capacidad hotelera. Y qué no hablar de todo aquello que se consume en restaurantes, hoteles, paseos, ropa de playa, bronceador, diversiones, antros, etcétera; algo que sin duda no va muy acorde al llamado de reflexión y abstinencia de la semana mayor, pero que simboliza la estabilidad económica de los habitantes de las costas.

Por otro lado, el vía crucis de muchos consumidores se extiende más allá de la Semana Santa, ya que las deudas originadas a partir del pago de las vacaciones harán que muchos mexicanos tengan que recurrir a la casa de empeño para solventar sus gastos pasados.

A pesar de que esta semana es la más saturada para viajar por cualquier medio, la gran mayoría de los mexicanos optan por tomar sus fechas de descanso por estos días, luchando algunos contra la falta de hoteles hospedándose en la casas de acampar o bien, durmiendo en la playa, pasando así muchos un martirio mayor…¡Valla manera de hacer penitencia!

La Semana Santa es sin duda una época de muchos gastos en donde el Marketing juega un papel preponderante, no obstante, más allá de toda fuerza de mercado, la tradición religiosa es la que da verdadero sentido a las celebraciones a pesar de que algunos esfuerzos comerciales aparentemente buscan cambiar u ocultar su verdadero sentido. El objeto de la Mercadotecnia no es sin duda el de ponerle un valor comercial a una tradición religiosa como Navidad o la Semana Santa, pero sí es pertinente hacer notar al consumidor la diferencia entre el sólo comprar y acudir con devoción al encuentro con su fe. .:M:.