Esa pobre mujer que del cielo calló y que en pedazos esparció su cuerpo está de nuevo en la primera plana de los diarios nacionales, robándole cámara a los problemas de la Ciudad, como buena deidad que es, ya que el hecho de que esté su cuerpo quebrado, su fama es más sólida que la roca de la que está hecha.
Ahora la Coyolxauhqui apareció en otra faceta, junto a un altar, recientemente descubierto en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en una zona de rescate cultural que es conocida como Casa de las Ajaracas. El proyecto de la Casa de las Ajaracas está dirigido por el Arquitecto Javier Sánchez Corral, y pretende ser un complejo de tres pisos, con un museo en la parte inferior con contacto al museo del Templo Mayor, y que además será la residencia oficial del Gobierno de la Ciudad de México.
Al ser ese un edificio tan relevante para el futuro de la Ciudad, nuestra Coyolxauhqui tenía que aparecer para recordarnos el pasado glorioso de México como capital de un Imperio, y este recordatorio se manifestó en roca para aludir a la fortaleza de la Ciudad y su eternidad.
Pero, quién es esta mujer Coyolxauhqui, a qué dedica su inmortal existencia. Coyolxauhqui es la deidad de la Luna en el panteón Mexica. Su nombre significa «campanas doradas.» Al igual que ella su familia es muy popular, es la hija nada más y nada menos que de la diosa de la Tierra, Coatlicue (aquella que impuso la moda de las faldas de serpiente, tendencia que los diseñadores aplicarían a bolsos y cinturones posteriormente) y la hermana del dios del sol, Huitzilopochtli.
Coyolxauhqui animó a sus cuatrocientos hermanos y hermanas a matar a su madre deshonrada. Coatlicue parió a Huitzilopochtli cuando una bola de plumas cayó en el templo donde estaba barriendo y la tocó, (según cuenta la historia oficial). El buen Huitzilopochtli salió desde adentro de su madre como un adulto (por lo que Coatlicue duró mucho tiempo en trabajo de parto) y completamente armado y la salvó de su hermana.
Coatlicue lamentó tanta violencia entre sus hijos. Entonces, Huitzilopochtli le cortó la cabeza a Coyolxauhqui y la tiró al cielo donde se convirtió en la Luna. Desde ese entonces ella nos acompaña en las noches de la Ciudad, viviendo una vida nocturna espectacular, siendo la protagonista de las fiestas y de los antros, ya que una noche sin luna queda incompleta.
En esta ocasión Coyolxauhqui se le vio acompañada del popularsísimo Tláloc. Él, ha sido protagonista de tramas tan interesantes como “Danzando bajo la lluvia”, y eso le valió el título de dios de la Lluvia para los Aztecas. Tláloc acompañó a Coyolxauhqui en un friso en el monolito, pero, según cuentan, también están acompañados de otra deidad, de la cual se desconoce aún su identidad, pero que parece que está relacionado con el negocio de la agricultura.
Coyolxauhqui dejó pasar tres décadas para volver a aparecer, ya que el último monolito de ese tamaño (Más de 3 metros) e importancia se descubrió al final de la década de los setentas, y que curiosamente es también una imagen de ella.
Sin duda, esta mujer polémica de la crema y nata de las deidades aztecas seguirá dando de qué hablar, por lo pronto su re-descubrimiento artístico hace un parte aguas en la arqueología por la importancia de encontrar un altar empotrado en el centro ceremonial más significativo del Imperio Azteca. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Ciudad Azteca

