El deseo eterno

Cuando un nuevo año comienza se renuevan los anhelos más importantes, tanto personales como de la humanidad en su conjunto, a los que aspiramos los seres humanos. Entre estos últimos siempre tendemos a relacionar objetivos con la salud, amor, paz y dinero. Y cuando de paz se habla, el Medio Oriente cobra vida y protagonismo en esta historia, ya que se transforma en la expresión máxima de un deseo que se quiere, a veces, hacer realidad.

El conflicto de Medio Oriente data de muchos años atrás y de períodos de guerras campales y calmas simuladas, donde el “todos contra todos” se transformó en el lema de esta zona asiática. Por un lado están los árabes y por el otro los judíos, personajes de la obra que se parecen demasiado en sus orígenes, pero que las costumbres religiosas los llevaron por caminos muy diferentes donde el odio mutuo llega a extremos inhumanos.

Los vaivenes políticos y negociaciones entre estos dos bandos logran llegar a transitar situaciones de calma, sin una paz absoluta, pero con momentos de convivencia humana. Sin embargo, esta prueba piloto de paz luego se corrompe con ataques de tipo terroristas que nos regresan a los momentos de inestabilidad en las relaciones y, miedo, odio y peligro son lemas de estos períodos.

Este deseo eterno de paz es el que nos tiene siempre al pendiente, sobre todo en los principio de año, cuando hacemos un balance de todo lo que pasó y generamos nuevas aspiraciones para el año que entra. Es mi deseo, como el de muchas personas que vimos el sufrimiento de una guerra y sentimos el clima que se vive en un país donde el terrorismo cobró vida propia, que la humanidad tome conciencia de los verdaderos objetivos de este conflicto y que se puedan encontrar soluciones con pureza y solidaridad, para así dar fin a los malos sentimientos y aspirar a un futuro mejor, con calma y tranquilidad para todos los seres de este mundo. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación Cuatro Caminos