Miro en el espejo y veo una imagen un poco extraña. Hoy el reflejo es diferente, no se parece a la persona que ví ayer ni a la de hace unos días atrás.
¿Quién es esta mujer? me pregunto… Cuánto quisiera ser este espejo por tan solo un día para poder verme desde su punto de vista.
¿Has pensado alguna vez si el reflejo que te acostumbraste a ver en este pedazo de cristal es real…?
Que tal si en realidad no existe lo que ves, porque todo eso es producto de tu imaginación, o mejor dicho la imagen que tú mismo creaste porque así te conviene más.
Así es como se forma el doble-prospecto en el espejo global. El mundo se divide en los participantes del fenómeno llamado globalización; uno de ellos es el miembro más poderoso, ya que dispone grandes cantidades de dinero y es el “empresario”. El otro “el consumidor”. Dentro de esta ilusión, ocurren varios problemas, como por ejemplo el materialismo y el consumismo.
El hambre y la pobreza son consecuencia de estos últimos. Hambre y pobreza entre quienes no manejan la máquina más avanzada y llena de requisitos abstractos como la competencia económica o la privatización, que incluye la aparición de las empresas multinacionales y excluye a los negocios mas pequeños y menos competitivos …
Cómo es posible entonces que, a pesar de que el problema de la pobreza se extiende cada día más no se discute sobre esto… como si alguien nos mostrara un reflejo unilateral creado por alguien más. Así como en “el pueblo Potempkin” que estaba ocultando el gran complejo agrícola.
El pueblo Potempkin se desarrolló durante el reinado de Catrina en la Rusia del siglo XVIII. Cuenta la leyenda que la reina tuvo un deseo de viajar por los pueblos de sus dominios para lo que su amante Grigori Potemkin construyó los pueblos artificiales que Catrina podía ver desde su carro. Estos pueblos creados por su Grigori ocultaban la realidad de la pobreza de los campesinos rusos que llegaba al extremo durante esa época.
En el siglo XXI la prensa, la televisión y todo tipo de los medios de la comunicación, influidos por los partidos políticos y los empresarios más poderosos, nos muestran, la mayoría de las veces, un mundo sin defectos, o quizá con pequeños defectos que se pueden manejar. Estamos todos como la reina Catrina: ciegos y muy cándidos.
Lo peor es que nosotros mismos estamos poniendo leña al fuego por nuestros actos irresponsables que forman parte de un proceso llamado consumismo. Este fenómeno ocurre cuando dejamos que se desarrollen patologías como la adicción al dinero y el deseo de tener más y ser siempre más grande.
Indicado del consumismo es el gran porcentaje de la obesidad dentro de una sociedad, por ejemplo. Este problema tiene muchas caras, la del pecado según la Iglesia, la de la salud en términos médicos o la de la destrucción dentro de la sociedad, que así se convierte en una nación de consumo.
El problema con el consumismo tiene sus orígenes en las emociones y la parte sentimental de nuestra personalidad. Todos buscamos la dicha y la felicidad, todos queremos conseguir algo que nos garantice por lo menos unos instantes del idilio. En esta lucha por la felicidad llega a nosotros el falso auxilio por parte de los empresarios que van a hacer todo lo posible para convencer a un consumidor potencial que caiga en la trampa del consumismo y sea víctima del mercado global. Así caemos diariamente, compramos los productos que hace unos días atrás se veían como los objetos de lujo pero ahora se llaman los productos necesarios.
¿Qué hacer entonces para reducir este proceso de la autodestrucción humana? ¿Cómo detener el progreso del falso desarrollo tecnológico, económico e industrial?
En verdad, la respuesta es mas simple de lo que uno puede imaginarse. Hay que mirar a dentro del espejo y buscar ahí un reflejo escondido. Este reflejo que, aunque nosotros no queremos ni mirar nos puede dar las instrucciones hacia la vida pura, una vida responsable por los demás y por el medio ambiente. Tenemos que decidir qué es lo que en verdad es necesario y dónde poner el límite en la adquisición de productos y servicios que al final de cuentas pueden ser desechables. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Chabacano

