Los milagros y otro tipo de manifestaciones religiosas son muy importantes dentro de la doctrina católica, y los estigmas en particular son de las más sonadas y controvertidas.
Sangre, llagas y heridas en los cuerpos de santos y beatos constituyen desde el medioevo una manera de entablar una relación más profunda con Dios; y es que dentro de esta fe de occidente, lo visible y táctil es casi siempre un catalizador de la devoción popular.
Según el dogma romano los estigmas –cuando son auténticos- son una verdadera manifestación de los sufrimientos de cristo compartidos por una persona; estos pueden ser visibles o invisibles, es decir, una herida puede manifestarse como tal, entre sangre y sufrimiento o simplemente con el sentir de estar lacerado, golpeado o el de tener una llaga dolorosísima.
Todas las heridas –si son auténticas- deben ir en relación a las que Jesús recibió durante la Pasión, ya sea en el las muñecas o palmas (clavos o estacas), contusiones en los pies, en la cabeza (simulando las laceraciones causadas por una corona de espinas), marcas de látigo en la espalda y de lanzas en los costados.
Aunque las causas pueden estar relacionadas con un profundo éxtasis religioso, existe la posibilidad –según otras doctrinas – que los estigmas tengan algo que ver con la presencia demoníaca en un sujeto, y en el último de los casos (y no por ello poco común) que éstos sean fruto de un fraude.
En los últimos años ha surgido la teoría que relaciona la presencia de los estigmas a causas psicosomáticas ya que –según los investigadores- puede existir tanta fe y deseos de compartir el sufrimiento del Señor que el cuerpo comienza a producirse heridas, muchas de ellas incurables además de no poseer otra explicación médica. Estas manifestaciones se dan en muchos de los casos como “espejo” de algunas expresiones artísticas de la crucifixión de Cristo, explicando así el porqué los estigmas aparecen en diferentes lugares; por ejemplo, las marcas de clavos o estacas pueden aparecer en las palmas o en las muñecas –aunque a los crucificados se les solía clavar en el antebrazo.
Independientemente de la cantidad de sangre o de lo maravillante de las heridas, el verdadero sentido del estigma está en la relación con los sufrimientos de Cristo; una relación que tienen algunas personas para acercarse a los misterios de la Pasión.
Muy relacionada está la figura de San Francisco de Asís con el fenómeno de la estigmatización, ya que según sus biógrafos fue Cristo mismo quien le transmitiera esos signos de su pasión. El nazareno se apareció en el cielo, mientras Francisco hacía oración para recibir, antes de su muerte, las gracias que lo ayudaran a comprender mejor la Pasión y el sacrifico), rodeado de seis grandes alas, Cristo imprimió las manos, los pies y el costado con heridas, mismas que el Santo de Asís conservaría de porvida.
Otro caso muy sonado es el del recientemente canonizado Padre Pío, franciscano nacido en Italia a finales del siglo XIX; el cual durante la primera década de la centuria pasada experimentó los primeros signos de estigmas invisibles. Tras el rezo de la liturgia de las horas, el Padre Pío quedó solo en el coro, y mientras allí permanecía uno de sus compañeros se le acercó, pudiendo notar que sangraba de manos, pies y costado. Sus superiores tuvieron bien en analizarlo y pronto se supo la noticia; la comunidad deseosa de acercarse al místico iba a las celebraciones litúrgicas y a ser confesada por el padre.
No obstante durante esos años quedó mucha duda de ello, impidiendo por un tiempo que el prelado oficiara misa u otro sacramento en público para que las investigaciones sobre su caso pudieran llevarse a cabalidad, mismas que llegaron a oídos del pontífice Pío XI, permaneciendo escéptico durante mucho tiempo.
Tras su muerte en 1968, el caso del Padre Pío permaneció aun en duda por algunos grupos de la Iglesia, incluyendo a los papas Juan XXIII y Pablo VI; pero fue hasta el pontificado de Juan Pablo II que el caso del ahora San Pío recobró energía, siendo canonizado el 16 de junio 2002.
A pesar de que son muchas las pruebas que se tienen a favor de los estigmas de San Pío, existen otras fuentes que ponen en duda este suceso. El historiador Sergio Luzzatto afirma que las heridas abiertas del capuchino italiano eran a causa de ácido carbólico qué el mismo adquiría en secreto.
Aunque muchas pueden ser las dudas sobre la veracidad de los estigmas y otros manifestaciones sólidas de Jesús en las personas, no queda duda que la devoción popular es capaz de mover montañas, y si tiene ayuda divina, puede estremecer cordilleras enteras. No pongo en duda la existencia de los milagros, sólo espero saber identificarlos.
.:m:.

