Supongo que muchos, al igual que yo, debido a nuestras actividades no tenemos la oportunidad de ver los programas que transmite la televisión entre semana, pero hace unos días, por motivos de salud, tuve que quedarme en casa, y con la idea de hacer algo distinto a usar la computadora, decidí dar un rol por los canales de la TV abierta, decisión que después confirmaría, no fue del todo acertada.
“Yo hago televisión para jodidos” dijo alguna vez, el ya fallecido, Emilio Azcárraga Milmo, padre del actual presidente de grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean, quién ha seguido al pie de la letra esa tradición, pero yo complementaría dicha frase de esta forma: “tenemos televisión hecha también por jodidos”.
De mi decepcionante experiencia aquella mañana al hacer el “zapping”, -como le llaman en el medio televisivo, y que no es otra cosa que cambiar de canal constantemente-, pensaba hacer un análisis de los programas que había visto, pero esa idea la deseche en unos minutos, pues no hay mucho que analizar. Y es que el problema no son los noticieros estructurados de la misma forma en todos los canales: conductores que pretenden ser ellos la noticia, mujeres en mini falda atinándole al clima, y los “chistositos” hablando de espectáculos; tampoco lo son las revistas matutinas, dirigidas a las amas de casa, donde hablan de cocina, resúmenes de telenovelas, juegos que sólo ellos creen que son divertidos, mujeres en minifalda -otra vez-, y presentadores, casi todos mayores de cuarenta años, tratando de comportarse como adolescentes.
El problema tampoco está en los programas cuyo concurso estelar debería llamarse “el que se humille más, gana la plancha”; ni en el talk show, que creíamos que hace mucho la televisión mexicana había superado, que tiene como ingrediente principal el explotar la miseria humana –en cualquier aspecto-, donde los participantes -actores o no-, son las estrellas de un circo deprimente, y que las conductoras con aires de omnipotencia y omnipresencia, aseguran cambiar, para bien, la vida de quien ha tenido la “dicha” de encontrarlas. ¡Perdónalas, no saben lo que hacen!
La falla no está, en nuestro “tesoro” más preciado: las telenovelas, a pesar de que es difícil distinguir cuando termina una e inicia otra, porque las historias son exactamente iguales: la buena que sufre, el galán que lucha por su amor, la mala que finge estar embarazada, y que a la menor provocación matará a quien se les atraviese en el camino para no ser descubierta; solo con ver un capitulo podemos saber en qué va a terminar la bella historia.
El problema real no son los programas que vemos al aire; lo preocupante es todo lo que hay detrás de ellos. Por supuesto que la televisión no está para educar, pero si tiene una gran responsabilidad social, sobre todo en un país como el nuestro, donde hay un gran retraso educativo, donde una buena parte de la población no tiene acceso a la tecnología, y donde aún sigue siendo más fácil encontrar un televisor, casi en cualquier hogar, que una computadora, y por consecuencia, lo que se transmite en TV, es principalmente, –o la única-, fuente de información y diversión
Nunca he compartido la idea, de quienes dicen que tenemos la televisión que merecemos, yo creo que tenemos la televisión que nos han querido dar, basándose, en el poco acceso, o peor aún, desinterés, de la población, para buscar otros medios de información y entretenimiento, fortaleciendo con esto, a un monopolio televisivo, y digo monopolio, porque aquellos que surgieron como opción, se han quedado solo en comparsa, repitiendo lo que ya estaba establecido; la misma doble moral, encabezan campañas en contra de la explotación sexual a las mujeres, pero las ponen en micro faldas a hablar de lo que sea, lo importantes es enseñar carne; se manifiestan en contra de la discriminación, pero en sus historias los buenos son los rubios de ojos de color, y los morenos de ojos negros son los pobres, malos y nacos; se muestran preocupados por la explotación infantil, pero los exhiben en sus programas estelares, con vestimentas y diálogos propios para adultos y con cierta carga sexual. ¿Tienen el valor o les vale?
Tal vez la reflexión que surgió desde la convalecencia en una cama es demasiado rebuscada, tal vez nuestra televisión es buena así como está, tal vez solo es cuestión de verla y ya; no lo sé, cada quién tendrá su opinión; pero con esto llegué a dos conclusiones: la primera, es que la televisión es un “arma” muy poderosa, capaz de convertir a un analfabeta en una celebridad, o desacreditar a quien no convenga a sus intereses; manipulación total, respaldada principalmente, en el origen de casi todos los problemas que tenemos como país: la educación.
Y mi segunda conclusión, es que la próxima vez que tenga que quedarme en casa, internet volverá a ser mi primera opción, pues no hay nada como la libertad de elegir el contenido que queremos ver, ya sea simple diversión, entretenimiento o cultura, y por supuesto, que una buena alternativa para esto, es leer y escuchar a los mycos. .:m:.

